Champagne Dom Caudron, ejemplo de cooperativismo

Fue el ‘maestro’ Juancho Asenjo quien en su día me explicó con datos muy precisos, el porqué de la proliferación de pequeños productores en Champaña en las últimas décadas. Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, que azotó duramente la región, los ‘vignerons’ (insisto en que un ‘vigneron’ no es ni un viticultor ni un bodeguero sino las dos cosas a la vez) quedaron duramente golpeados y firmaron con las grandes casas contratos de aprovisionamiento (atención a esta palabra que en Champaña tiene mucha importancia para el sector; disponer de una uva que se paga entorno a los 6 euros el kilo), contratos con una duración de 50 años. Transcurrido ese medio siglo, el ‘vigneron’ tiene la caja llena, conserva los conocimientos, el ‘savoir faire’ de sus antepasados y dispone de viñedos con una ubicación y una edad capaces de ofrecer unas uvas que les permiten elaborar unos vinos de muy alta calidad, pero además con la imprenta del terruño (en Champaña la diversidad de los terruños es impresionante!), vinos con mucha personalidad propia.

 

Y como Champaña se diferencia de las otras regiones vitivinícolas del mundo por muchas cosas, también se diferencia del concepto de cooperativa. Una cooperativa en Champaña es simplemente la asociación de viticultores para compartir unas instalaciones y una estructura para elaborar sus vinos. Y las cooperativas en Champaña son capaces de producir champanes de primerísimo nivel, cosa que constata la guía que lleva el nombre de este cronista en la que un comité de cata compuesto por expertos de primer nivel, catando a ciegas, ha concedido altas puntuaciones a vinos elaborados bajo este concepto “cooperativista”.

Y entre mis últimos descubrimientos (que no son ni ‘maisons’, ni ‘vignerons’), se encuentran los champanes de Dom Caudron, que tienen sus orígenes en Passy-Grigny, (Valle del Marne), y que nacen fruto del noble espíritu de una cooperativa, que bautizó a sus vinos con el nombre de un célebre Abad, llamado Aimé Caudron, quien en su momento tuvo una idea visionaria y destacada, dentro de este pequeño pueblo a orillas del Marne, a quien le gustaba compartir y aportar su entusiasmo los banquetes de los viticultores del lugar. Son bonitas “historias del champagne”, cada casa tiene y reivindica un origen y una identidad.

Es en el año 1929, cuando los viticultores de Passy-Grigny, tienen la necesidad de vender sus uvas, sin poderles dar su auténtico valor, cuando Dom Caudron les sugiere la idea de crear una cooperativa. 23 “vignerons” se suman a la idea, aportando cada uno sus uvas, adquieren una bodega para la producción, instalan una prensa y todas las materiales y equipamientos necesarios para trabajar en equipo, y deciden apostar por la meunier, esa casta en la época menospreciada ante la chardonnay y la pinot noir, las otras dos uvas principales de la región, y que finalmente, gracias a productores como Dom Caudron, se ha demostrado que se pueden alcanzar unos altísimos niveles de calidad, vinos en los que destaca su carácter afrutado que se puede manifestar a través de múltiples expresiones, desde las más accesibles para todo paladar, a las más complejas para los consumidores más exigentes.

 

Si en el momento de su fundación, Dom Caudron contaba con 12 hectáreas, en la actualidad cuenta con más de 130 hectáreas, todas ellas situadas en las laderas del valle del Marne, todas ellas muy cercanas al pueblo de Passy-Grigny. Si en su día fueron 23 viticultores los que junto a Dom Caudron pusieron en marcha este proyecto, hoy son más de 60 los que perpetúan este espíritu cooperativista.

Con la vendimia llega el rencuentro de todas las familias en el centro de prensado, son 10 días de arduo trabajo pero también de fiesta, lo que no impide un trabajo serio y preciso, clasificando los mostos por uva, por maduración y por terruño. Meses más tarde llegará el momento de realizar el ensamblaje previo al tiraje, operación que permitirá que los vinos de Dom Caudron puedan mantener su estilo, en el que predomina la expresión de la meunier en todas sus versiones.

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El Dom Caudron Prédiction es un 100% meunier que nace en un suelo arcillo-calcáreo y arcillo-arenoso, fermentación maloláctica completa, con 2 años de crianza en botella, es el primer vino elaborado por esta cooperativa en el que se expresa el terruño de Passy-Grigny. Un vino fino y elegante, fruta fresca, miel, agradable amargor en boca que invita a dar un nuevo sorbo. En la gama le sigue el Épicurienne, también elaborado únicamente con meunier, con fermentación maloláctica parcial y una crianza sobre lías después de la fermentación alcohólica de 5 meses antes del embotellado. Lo que le diferencia del precedente es que los vinos proceden de cepas con una edad superior a los 50 años, lo que permite, al degustarlo, apreciar una mayor concentración sin perder la finura. Intensidad de aromas de fruta madura, ciruelas, higos, frutos secos, en boca es denso, untuoso, sabroso, un champán muy gastronómico.

El Dom Caudron Fascinante es el meunier en versión “rosé”, en su elaboración se han ensamblado 80% meunier, 10% chardonnay criado en barrica y 10% de vino tinto meunier, con fermentación maloláctica completa y una crianza en rima de 2 años. Es un vino sutil, sensuales aromas a frutos rojos, es muy fino y delicado, pero con una acidez que le da muy buena tensión en boca. El Dom Caudron Cornalyne es un 100% meunier cuyo vino base ha realizado la maloláctica parcialmente y una parte de los vinos que conforman en ensamblaje han sido vinificados en barricas de roble de 300 litros y una crianza sobre lías de 6 a 8 meses antes del tiraje, durante la que se ha realizado el “bâtonnage”. Un vino en el que se aprecian recuerdos de madera muy bien integrados en un marco de equilibrio y frescor, buena complejidad tyanto en nariz como en bocas, muy cremoso y envolvente.

Finalmente el Dom Caudron Sublimité 50/50, un millésime, en la actualidad 2008 50% meunier, 50% chardonnay, con fermentación maloláctica completa, crianza parcial de los vinos en barrica y con una crianza sobre lías de 7 años. En nariz aparecen los cítricos maduros, melocotón, miel, caramelo, flores marchitas, en boca tiene un paso elegante, es crujiente, tenso, su buena acidez le da  un gran equilibrio, un vino con mucha personalidad.

La misma personalidad que tendría en vida este monje llamado Dom Caudron, que esta cooperativa (o más que cooperativa, esta unión de familias), mantienen su espíritu. No cabe duda de que Dom Pérignon ha pasado a la historia como el monje más mediático. Pero hubo muchos más, en algunos pueblos de la Champaña todavía hoy se les venera. A finales de enero, en la fiesta de Saint-Vincent, patrón de los viticultores en Francia (quien por cierto era aragonés), después de ofrecer en la misa el vino y el pan, los cofrades se reúnen en torno a la tumba de su monje para agradecerle el legado que les han dejado.

 

Publicado en elmundovino.com el 17.12.2015

 

http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/noticia.html?vi_seccion=10&vs_fecha=201512&vs_noticia=1450367219

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Jordi Melendo

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